Sociedad/ Teletrabajo y corresponsabilidad esa pequeña/gran utopía

    Lourdes Núñez. Secretaria de la Mujer, Afiliación y Elecciones Sindicales de CCOO de Extremadura

    12/06/2020.
    Lourdes Núñez

    Lourdes Núñez

    MUCHO SE ESTÁ estudiando, en tiempos de crisis sanitaria, sobre cómo afectan a trabajadoras y trabajadores las condiciones laborales excepcionales del teletrabajo. No es ésta una reflexión del concepto, el teletrabajo ha sido inevitable con la irrupción del coronavirus y para poder cumplir con el necesario confinamiento. Por otro lado, ha mostrado a muchas empresas que es posible otra forma de trabajar y ha puesto en duda la sobrevaloración del presentismo laboral, no siempre asociado a la eficiencia.

    EL CONFINAMIENTO de las familias ha hecho emerger la ausencia de corresponsabilidad en los hogares españoles conformados por parejas heterosexuales, en los que, existiendo la posibilidad real del reparto de tareas, éstas han vuelto a recaer en mucha mayor proporción en las mujeres. En el caso de las familias monomarentales todas las tareas recaen en una sola persona (en su mayoría mujeres, el 82%). Si una medida se presentó como factible, esa fue, sin duda, el teletrabajo. Pero si se analizaran las múltiples tareas a las que se han visto abocadas a realizar las mujeres, deja al descubierto que no solamente es una forma nueva de trabajo, sino que está generando a muchas trabajadoras situaciones de estrés y ansiedad sólo parcialmente descriptible.

    Y es que, las tareas del cuidado, siguen recayendo, con o sin pandemia, en las mujeres. Tareas del cuidado, que en el estado de alarma se han visto incrementadas hasta la enésima potencia.

    La “generación sándwich” -como se denomina a las personas atrapadas entre el cuidado de menores y el cuidado de mayores dependientes- ha tenido que hacerse cargo, 24 horas al día, de “estas dos rebanadas”, por las circunstancias del cierre temporal de colegios y centros de día para mayores. “Generación sándwich” que es casi exclusivamente femenina debido a la falta de corresponsabilidad de los hombres con quienes conviven.

    Esas criaturitas que corretean por sus hogares, necesitan unas rutinas: desayunar, ir al cole virtual, entretenerse en momentos eternos de confinamiento, comer, asearse, y un sinfín de puntos suspensivos que obliga a las mujeres a multiplicar sus facetas convirtiéndose en: cocineras, profesoras, enfermeras, psicólogas, animadoras socio-culturales, monitoras deportivas... con el nivel de exigencia y perfección que solo ellas saben imponerse. Sus mayores necesitan, igualmente, estas atenciones descritas. Y además “teletrabajan”. Estas circunstancias impiden que sus expectativas se cumplan, porque la cantidad de agentes disruptivos externos y de tensión interna es tal, que la capacidad de concentración disminuye a estándares insospechados. Es obvio que, entre otras causas, influye el hecho de que, en muchos casos, no existía experiencia previa de teletrabajo ni conocimientos para organizarse en esta nueva forma de jornada laboral, a lo que se une la falta de regulación detallada también por parte de las empresas.

    A esto hay que unir, las características específicas del teletrabajo -sobre todo para las personas hasta ahora no familiarizadas con él- que ha hecho que el nivel de respuesta, deba de incrementarse sobremanera. Las personas que se encuentran al otro lado de la pantalla, desafortunadamente de manera involuntaria, han ganado tiempo para dedicar a cuestiones que tenían aparcadas (reclamaciones, devoluciones, información, trámites no perentorios…), y también han ganado urgencia y exigencia, porque necesitan respuestas y ayuda ¡ya!, la inmediatez se convierte así en una maquinaria asfixiante a la que hay que responder de manera apremiante.

    Las jornadas laborales se contabilizan a base de fragmentos intermitentes, en los que es imposible diferenciar la vida laboral, personal y familiar con la nitidez con la que antes podía estructurarse, y que, por consiguiente, hace que la jornada laboral sea cuasi constante y sin posibilidad de desconexión. Esta “generación sándwich” (casi exclusivamente conformada por mujeres) se está quemando, por el afán de seguir siendo superwoman y seguir desempeñando todas las tareas del cuidado en la familia.

    ¿Por qué? Porque en estos tiempos en los que la corresponsabilidad parecía avanzar se ha revelado como un concepto aprendido, pero no aprehendido por parte de los varones. Los estereotipos de género siguen tan presentes que los hombres se desvinculan tanto de las tareas del cuidado como del mantenimiento del hogar.

    Teletrabajar y poder conciliar es una pequeña/gran utopía, solventable si existiese pedagogía y, sobre todo, práctica de la corresponsabilidad. Las medidas de conciliación no han sido pensadas para momentos como el que estamos viviendo.

    Si algo ha enseñado esta crisis sanitaria es que queda mucho camino por recorrer, y que no se pueden permitir procesos involutivos para las mujeres, por pequeños que éstos se antojen.

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